Cleta
Ese día seía como cualquier otro, iría a la feria a vender las acelgas que ella misma había cosechado en su chacra, ganaría unos pocos pesos y luego volvería a su casa, para alimentar las cuatro pequeñas pocas que dependían de ella, pero no sucedió.Esa tarde, mientras tomaba su lugar habitual en la fería, una señora cercana a su edad le ofreció un trabajo, una oportunidad de ganar lo que no ganaría en un año, una oportunidad para poder alimentar a sus criaturas, una oportunidad como pocas se le habían dado.
Se trataba de un encargo simple, un cargamento debajo de la pollera, dos kilos, nada del otro mundo, no iria sola, sino que con tres personas más, no habría problema.
Así que se embarcó hacia el país colindante, pasando la frontera, pero nada resultó como se esperaba.... un año mas tarde estaría sentada en un estrado tratando de explicar que ella no era una criminal, sólo una mujer pobre que vio una posilidad de comprar más pan y para quien el único mundo que existe es el que va de la casa a la feria y de la feria a la casa, jamás pensó ser comida y acusada por un aparataje tal, menos atentar contra la salud pública y ni pensar ser parte de una red amplia cuyos cabecillas no están ni cerca de ser pillados.
Claro, con esas casas con piscina, canchas de tenis y cenas elegantes, ¿que son dos kilos y una boliviana condenada cinco años a no poder volver a su casa?
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